Labels

28 oct. 2014

Cosas que nunca debes subir a las redes sociales

Hay muchísimas entradas en internet con recomendaciones llenas de sentido común sobre todo aquello que las personas no deberían compartir en las redes sociales. La preocupación no es gratuita, ya que los jóvenes cada vez inician a edades más tempranas su participación en las redes y es natural que se sientan desorientados sobre lo que pueden o deben subir y sobre lo que no conviene compartir con los demás. Se trata de dudas que, en distinta medida, hemos tenido todos los que participamos de algún modo en el mundo virtual que nos provee internet sin importar la edad que tengamos.



Luego de revisar muchas de las páginas que ofrecen sugerencias de lo que no se debe subir, creo que la mayoría coincide en que NO se debe compartir lo siguiente:

Conversaciones personales. En Facebook y Twitter hay la posibilidad de enviar mensajes privados, que van de un usuario a otro. Si lo que le tienes que decir a otra persona es de la estricta incumbencia de ambos, es mejor utilizar un medio más restringido. 


Planes de tu vida privada. Puede ser que estés muy ilusionado con la fiesta que harás en tu casa el próximo fin de semana, pero a menos que pienses invitar a todas las personas que leen tus redes sociales, será mejor que no lo anuncies. Tampoco con quien vas a comer, salir, ir al cine o realizar otras actividades de la vida privada. Con la información que pueda afectar a los demás se debe ser especialmente cuidadoso; no debes disponer de la vida privada de los demás, ni siquiera de aquellas personas que tienes más cerca o con las que compartes vínculos afectivos. Deja que sean ellas las que decidan por sí mismas lo que quieren que los demás sepan sobre su propia esfera privada.

Información de la empresa en la que trabajas. Puede ser que te ilusionen o te depriman los sucesos de tu lugar de trabajo, pero piensa dos veces antes de subir a internet lo que acontece en tu espacio profesional. “Ya todo listo para el gran lanzamiento…”, puede ser una frase que le digas a tus papás o a tu pareja, pero si trabajas en Google o en Apple quizá te cause muchos problemas subirla a Facebook. “Todo se fue al carajo. La quiebra es inminente” no es algo que debas escribir, si trabajas en un banco o en una aerolínea. Al nivel de cada uno de nuestras ocupaciones, al parecido seguramente será aplicable; aplícalo a tu propia realidad laboral.

Fotos de tus hijos. Esto tiene sentido por dos razones muy distintas entre sí: la primera es que tus hijos se harán grandes muy pronto (antes de lo que te imaginas) y a lo mejor no estarán del todo cómodos con las fotos que subiste en las que salen disfrazados de conejo o aquella en la que aparecen con ese moderno corte de pelo que mamá pensó que les quedaba fabuloso. Hay que dejarlos con la libertad para que sean ellos, y no sus padres, los que decidan qué aspectos de su vida deben ser compartidos en las redes sociales. La segunda razón tiene que ver con los llamados “depredadores” de niños que están al acecho también en internet; puede sonar exagerado, pero en los años recientes se han visto historias de terror que estoy seguro no quieres vivir en tu propia familia. No sobra proteger a tus hijos también en el mundo virtual, de la misma forma que lo haces en el mundo real.

Fotos con poca ropa. Me refiero no a los trajes de baño, sino a ropa interior o, de plano, a fotos de desnudos o semidesnudos, a menos que seas modelo profesional o que quieras incursionar en la industria del cine para adultos. El parámetro en este punto debería ser el siguiente: no pongas fotos en las que aparezcas de alguna manera con la que no te sentirías cómodo yendo a la escuela o al trabajo. De ahí en adelante, puedes usar de muchas maneras tu imaginación.

Quejas y lloriqueos de distinta naturaleza. En un momento dado, puedes estar muy afectado por la carga de trabajo que tienes en la oficina o por un reciente rompimiento sentimental, pero debes pensar bien si te conviene subir cosas a las redes sociales mientras tienes un estado de ánimo alterado. Cuando lo superes seguramente te arrepentirás de lo que pusiste, pero mientras tanto ya todos lo habrán leído y se habrán formado una cierta imagen de ti. Las situaciones difíciles, por las que todos hemos pasado en algún momento, deben formar parte de la intimidad de cada uno.

Dirección de tu casa y teléfono particular (fijo o celular). Por obvias razones, estar al alcance de algunas o muchas personas en las redes sociales no debe implicar que estés también “físicamente” a su disposición. No es lo mismo que te mencionen en Twitter o que te etiqueten en Facebook a que se presenten en la noche en tu casa a plantearte una duda, invitarte a una fiesta o compartirte una preocupación. El domicilio y el teléfono son dos cuestiones que deben quedar reservadas a tu vida privada.

Información financiera personal. Salvo que tengas un tipo de trabajo muy determinado, a nadie fuera de tu círculo más estrictamente familiar o personal le debe interesar tu situación financiera. No subas a las redes sociales el saldo de tus cuentas bancarias o la información de tus tarjetas de crédito. Tampoco hables de la herencia que acabas de recibir de tu bisabuelo o del crédito por varios millones que te acaban de dar para la ampliación de tu negocio. En general, tampoco esa información es relevante para que la compartas en las redes sociales.

Quejas de tus jefes o maestros. Sobran las historias de empleados que, en un arranque de mal humor o de desesperación, se quejaron de sus jefes pensando que nadie de la empresa se enteraría y acabaron despedidos. No te arriesgues. La información llegará tarde o temprano hasta la persona aludida y es probable que no le guste del todo. Evitar problemas en la escuela o en el trabajo es una actitud madura y demuestra responsabilidad. No uses las redes sociales para tirar por la borda tu carrera profesional o tu futuro académico.

Planes vacacionales. Las únicas personas que estarán muy contentas de saber que estarás en Hawai durante las próximas dos semanas son los ladrones profesionales, que dispondrán de un largo tiempo para asaltar tu casa o para llevarse tu coche. A tus amigos les puedes avisar de forma privada o bien a tu regreso. Tendrás mucho tiempo para hablar de tus vacaciones una vez que las hayas disfrutado; no te anticipes.

Problemas familiares. En todas las familias suelen existir disputas y discusiones. Es normal, pero no tienes que ventilarlo públicamente. Es muy penoso ver a un hijo expresarse con insultos de sus padres, o a unos esposos hablar mal de sus parejas o discutir en públicos temas relativos a su intimidad. También es algo que, una vez que se te pase el enojo o cuando crezcas, te generará mucha pena haber escrito. Mejor evítalo.

Nunca escribas en las redes sociales cuando tus sentidos estén afectados por el alcohol o alguna otra sustancia estupefaciente. Es probable que, si escribes en ese estado, no se refleje lo que en verdad eres (o peor aún: ¡es posible que se refleje de forma demasiado nítida!) o no seas capaz de transmitir fidedignamente lo que quieres expresar. Mejor haz a un lado tu teléfono móvil cuando estés en una fiesta. Tendrás mucho tiempo al día siguiente para compartir tus pensamientos y sensaciones.

Las redes sociales son una maravillosa forma de comunicación, que comparten cientos de millones en el mundo. Se deben utilizar aprovechando la enorme libertad que permiten y que es uno de sus mayores atractivos. Pero también se deben usar de tal manera que no generen daños a quienes participan en esos espacios virtuales. Espero que las sugerencias anteriores sean de utilidad para quienes empiezan y también para quienes ya llevan camino andado en las redes, pero siguen teniendo dudas.

Fuente: http://www.miguelcarbonell.com/docencia/Cosas_que_nunca_debes_subir_a_las_redes_sociales.shtml

0 comentarios:

Publicar un comentario

Los comentarios son gratis......deja uno